Wonderful suprise when I opened this week´s Mosaico: an article featuring Salsipuedes! One of my favorite streets in Santa Ana, where you can find anything from books, panamanian folkloric dresses and jewelry to vodoo dolls... no kidding!!! you can even get a haircut while someone reads your future.
So here it is.. Salsipuedes, or "get out if you can"....
De
corto recorrido y frágil encanto, en la bajada de Salsipuedes convergen
los libros de segunda, el folclore y baños para la suerte, con la
realidad de las letras de Pedrito Altamiranda y de Rubén Blades.
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Se consigue buena artesan�a a precios razonables. |
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Los libros de segunda forman parte del paisaje. |
Históricamente
Salsipuedes ha sido el punto obligatorio para conseguir un traje típico
o el libro de álgebra de Baldor. Dando una mirada más profunda a lo que
es su gente, arquitectura y esencia, se puede constatar que dentro de
sus estrechos pasillos hay vivencias, cuentos y hasta cierta
ambivalencia entre la “aventura” y el esfuerzo diario por sobrevivir.
Con
sus 285 pasos que van desde el antiguo Edificio La Pollera, cruzando
Avenida B, y terminando en el ahora derribado mercado público,
Salsipuedes fue nombrado así, según sus habitantes, dado que en el
siglo pasado, la cantidad de gente que utilizaba estas calles como
punto de paso era tanta, que se atiborraba de tal manera, que salir de
allí era casi una proeza.
Hoy, a pesar de los intentos
municipales por regular o “mejorar” la imagen, aseo y orden de este
lugar, Salsipuedes sigue siendo el mismo de toda la vida, con sus
carismáticos vendedores metidos en sus pequeños cubículos metálicos,
donde ven pasar a aquel hombre que camina apresurado buscando un habano
y una vela roja para llevarla al santero, a ver si le quita los males y
le mejora el bolsillo.
Salsipuedes se divide en dos partes, de
Avenida B hacia arriba y hacia abajo; no hay reinas ni forman
comparsas, pero lo cierto es que desde su inicio en La Pollera, será
más fácil encontrar basquiñas, tembleques, cutarras y todo lo necesario
para vestirse de patria, conjuntamente con toda clase de libros, que
van desde obras clásicas como El Quijote hasta un pasquín de Condorito,
edición limitada en forro plástico; toda una joya para los conocedores
del género.
Ya en la sección de Avenida B hacia lo que era el
mercado público o el Terraplén encontrará la verdadera botica de la
abuela; no hay enfermedad o dolencia que estos curanderos desconozcan,
por lo que si pregunta, ellos de seguro tendrán la planta, raíz u hoja
que será el remedio que necesita; también podrá encontrar ese
tornillito para el abanico que no funciona, el wok para cocinar esa
exquisitez oriental, las ligas para fabricar biombos, y si busca con
atención, puede que encuentre el mismísimo Santo Grial.
Si en
el camino se le pierde el celular, el Ipod o la cámara digital, no se
preocupe, aquí también lo podrá encontrar y a mejor precio que en la
ciudad, es solo cuestión de buscar y buscar, para luego regatear, ya
que aquí hay que jugar vivo con los precios, aunque por supuesto no
encontrará la garantía de los tres años o 50 mil kilómetros.
Para
disfrutar de este baño de pueblo hay que tomar las cosas con calma,
aunque la verdad, en estas calles el tiempo se pasa volando, por lo que
una refrescante chicha de naranja será buena acompañante al momento de
comprar unas yardas de saburete o paruma (telas utilizadas por nuestras
indígenas kunas y emberás, respectivamente, para su vestimenta
tradicional), o alguna que otra herramienta en una de las tiendas de
los paisanos orientales.
Como es bien sabido, esta área, en
sus años mozos, era habitada por gente pudiente. Sus estructuras que
van desde el más puro estilo español, hasta el art deco, cuentan con
bellos balcones de fina mampostería, así como de hierro forjado, nada
comunes en la arquitectura actual, por lo que este detalle da una idea
del trabajo artesanal que rodea a los antiguos almacenes El Éxito y La
Victoria, muy famosos en tiempos pasados.
Sus ya desgastadas
aceras han sido mudos testigos de millones de pasos que locales y
extranjeros han dado por este lugar, que a la fecha mantiene sus
puertas abiertas en un horario casi regular de 8:30 a.m. a 5:30 p.m.
hora panameña; por lo que si va tempranito, puede desayunar unas ricas
hojaldres con café en algún restaurante, para que escuche la historia
de la vecina que quema al marido, adobada con un poco de calipso y ese
olor inconfundible del sahumerio de las 7 potencias.
En
esencia, este carismático lugar sufre de un mal bochinche de barrio y
aunque esta noticia del periódico de ayer afecte su imagen hoy, la
calidez de su gente, así como su vivacidad y entusiasmo por la vida,
son el vivo ejemplo de que el pueblo panameño sigue teniendo en
Salsipuedes una clara imagen de quienes fuimos, somos y seremos.
Recomendaciones1- Deje el miedo en casa, conjuntamente con sus prendas.
2- No lleve mucho dinero para que así lo pueda meter en sus bolsillos.
3- Al caminar, hágalo con tranquilidad, recuerde que es usted el extraño.
4- Por la seguridad no se preocupe, la policía siempre da su ronda.
5- En los alrededores hay lugar seguro para estacionar, bajo la tarifa de $0.50 la hora o con un “bien cuidao”.
6- Si es alérgico a los olores fuertes, no deje de ir, de seguro encontrará el remedio para los estornudos o la piquiña.